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Cuando la simplicidad del píxel y la dualidad de la luz con la oscuridad convergen con el paso del tiempo y el concepto de simetría, aparecen las pixelmetrías.

En el universo de las pixelmetrías, la dualidad encuentra su expresión más vívida. A través de la interacción entre blanco y negro, luz y oscuridad, lleno y vacío, emerge un paisaje visual de contrastes y armonías.

Estas piezas despliegan un ballet visual de luces y sombras en una malla geométrica en la que cada rectángulo es una nota de una partitura digital, donde el movimiento y la quietud se entrelazan en una danza sin fin.

Cada pixelmetría es más que una composición de píxeles; es un estudio de equilibrio y simetría, donde la programación se convierte en coreografía digital. Cada píxel blanco o negro es una decisión calculada, guiada por ecuaciones algorítmicas que dan vida a una danza infinita de formas y colores. Ecuaciones algorítmicas como esta:

s = abs(cos(tan(a-W) * h - a * o - o)); fill(.5 < s ? 0 : W);

Esta fórmula matemática, que encapsula la esencia de la pieza, asigna a cada píxel su identidad cromática en función de su posición y relación con el centro de la composición. El resultado es una sinfonía de contrastes y ritmos, donde la armonía emerge de la interacción entre la geometría y la percepción.

Poesía matemática en un cosmos pixelado, danzas sin fin de luz y oscuridad.

En la interacción de los opuestos, se revela la esencia de mis pixelmetrías.